Frei y MEO cerraron campaña en regiones y Arrate seguro que no gana. Así que partimos al cierre de campaña de Sebastián Piñera, el hombre que lidera las encuestas, a ver al músico del momento Américo, en este Riesgo Social democrático.
Por Arturo Galarce
Odio la manifestaciones públicas. Odio los tacos. Odio a los candidatos. Pero Américo es la zorra. Voy a ser sincero: he andado medio bajoneado… sin esperanzas, sin sueños, sin saber por quién votar, así que este evento me cayó del cielo a pesar del taco infernal en la micro y cientos de peatones cari largas que no cachaban para dónde iba su Transantiago.
Ocho de la noche. Primera mala pata: me perdí a Los Charros de Lumaco y la obertura con himno de Colo-Colo incluida, culpa del taco. Según me informa la minitz de los completos, tocaron veinte minutos y para la casa.
Ahora el candidato está sobre el podio, encajonado por dos graderías saturadas de gente con cintillos de Américo, y sacando un vozarrón que pone ready a las más de diez mil personas que flamean banderas con su rostro. A mí no me pasa nada con el candidato así que aprovecho de recorrer la muchedumbre bajo este sol radiante.
Tan radiante como la blonda cabellera de esta señora que me avisa que aquí es la cola. ¿La cola para qué?, le pregunto. “Para que le pasen su boleto de metro”. Resulta que si yo hubiera ido al comando RN de mi comuna periférica –¡Recoleta, dónde está mi comando!- me habrían pasado este papelito canjeable por un boleto de metro para volver gratis a casa. Por un momento pienso que el candidato es realmente una buena persona.
Aunque estos cabros me dicen todo lo contrario. Justo cuando el candidato asegura por los parlantes que no indultará a ningún narcotraficante, el piño se acomoda para una fotito del corte mientras afirman: “No po, loco, que va a ser buena persona. Nosotros no estamos ni ahí con Piñera. Nosotros andamos en las nubes, siempre en las nubes. ¡Que sigan los narcos!”, me dicen, desde algún lugar de la galactea.
Pero no todos andan en esa onda. Acá está mi amigo Enrique Florencio Luis José Medina Infante. El hombrón va con el candidato a muerte y no está ni ahí con los patos malos y cogoteros que nos hacen la vida imposible. Para ellos: cárcel. “Yo soy del barrio alto, comuna de Providencia y la verdad es que hace falta mano dura con los cogoteros y los asesinos, necesitamos un cambio como pide el señor Piñera. Igual como pidió mi primo Joaquín Lavín Infante”, dice.
La muchedumbre se hace cada vez más espesa y algunos ya corean el nombre de Américo, el hombre que llora por amor, como tú, como yo. Me sumo al coro unos instantes hasta quedar frente a frente con un grupo de niños piñeristas que no están ni ahí con el cantante. Daniela, al medio en la fotal, la lleva entre sus amiguitos y asegura que votará por él. “Es el único que puede mejor la vida de los niños. Ojalá nos ponga hartos juegos”.
Me desconcierta que los niños quieran tanto al candidato. Un hombre al que, a título personal, considero poco entrañable y con una mirada sospechosamente fría, típica de seres reptiloides,asentados en la tierra en la etapa prehumana y precursores de importantes civilizaciones.
Por eso me acerco a esta mujer de mirada bondadosa. Necesito saber quién es este hombre. “El es un hombre emprendedor que de la nada ha sacado sus empresas adelante. Sabe invertir, cuánto invertir. Ha demostrado que ha ido de menor a mayor”, me aclara Margarita Pastén. Que en realidad es igualita a la señora Bachelet. “Ahhh, eso es una casualidad, yo soy primero que ella”.
De pronto la marea enardece. El candidato acaba su discurso y se esfuma rodeado de agentes de su comando, pero aquí nadie se mueve, todos esperan por Américo. Y ahora sí que sí. Lo que todos estaban esperando. Justo cuando la noche cae sobre la capital hace su entrada la voz: Américo. Cervecitas en lata. Aromas de abril.
Y este compadre que no me dijo su nombre, pero sí en lo que andaba: choreando. No andaba solo, pero fue el único que aperró para la foto antes de ponerse a vacilar con el maestro. “No estamos ni ahí con Piñera. No tiene ni un brillo. Puro que va a shorear, igual que nosotros. ¡Saludos pa’ Lo Valledor!”, agrega, perdiéndose en la fanaticada.
El único que me arruinó la fiesta fue este amigo peruano. No tengo nada contra los peruanos, pero tenía que aguarme la fiesta. Según Jorge, de Trujillo, todos los temas de Américo son una copia de las bandas Grupo 5 y Armonía 10. “Siempre copiando ustedes, los chilenos”, me dice. Yo no lo pesco.
El vacilón se alarga por casi una hora, donde incluso pillé compadres como estos:
Felipe Metal. Un metalero vagabundo que no está ni ahí con el candidato ni con Américo. Vino a tasar a las minitz del barrio alto y bajar un vinito con un compadre punky, dice.
Y al Mariachi, que vino con todos sus amigos hippies pro Arrate. “Vinimos a ver el show, po, si está rebueno. Ojalá gane… pa’ que te voy a decir Arrate, si no va a ganar. Pero que no gane este, por favor”.